Nuevas formas de trabajar

Es evidente que los tiempos están cambiando. Una enorme crisis se ha encargado de demostrarnos (otra vez) que el sistema falla, y que el problema está arraigado muy profundamente en el sistema social que nos hemos proporcionado.

Aunque mucha gente (muy metida en el juego político) no lo ve, el problema está en que los gobiernos juegan a su antojo con la economía. Hacen y deshacen “políticas económicas” sin entender las consecuencias, controlan la moneda y los tipos de interés, gastan sin freno y luego se endeudan más allá del límite, hipotecan a países enteros por generaciones. Y los ciudadanos no pueden hacer nada por cambiar la situación. Una votación cada cuatro años que, en el mejor de los casos, no cambia nada: la alternativa es más de lo mismo.

Es cierto, no podemos hacer nada. Hay alguna iniciativa para cambiar las cosas en el largo plazo, pero de momento no vamos a ver ninguna mejoría. Y hay que seguir comiendo y pagando el alquiler todos los días.

Hay que cambiar. Es imposible para las grandes empresas acoger a todos los nuevos trabajadores que se lanzan al “mercado laboral”. Los cinco millones de parados no pueden esperar que el gobierno les vaya a salvar la papeleta, porque no lo va a hacer. Los que trabajan, no se pueden quedar parados esperando a la jubilación, porque probablemente cuando llegue el momento de recibirla el número de jóvenes trabajadores no será suficiente para sostener el sistema de pensiones. La única solución es empezar a hacer cosas, sin esperar ayuda de nadie.

Veamos el caso de Japón. Japón sufrió la misma explosión de la burbuja que acabamos de sufrir en España. Y en Japón, al igual que se está haciendo en España, se intentó minimizar el impacto de la crisis mediante rescates e inyecciones de dinero. Resultado: el tejido empresarial no se saneó, con lo que las consecuencias negativas de la crisis se han extendido hasta hoy (20 años después). Como el sistema se mantuvo, la juventud sigue pensando que la única forma de trabajar es entrando en grandes empresas y quedándose en ellas toda la vida. El sistema se ha enquistado. Sin embargo, tras todo este tiempo, la gente se está empezando a dar cuenta de la situación y a cambiar de mentalidad (hablaré de ello en una próxima entrada).

Se impone una nueva forma de trabajar. Hay que aprender a ser de ayuda a los demás. A dar soluciones en aquellos casos en los que se detecten necesidades. Y para eso hay que luchar, por supuesto. El gobierno desincentiva cualquier tipo de actividad económica extra o de iniciativa empresarial, pero de momento tenemos que seguir conviviendo (por obligación, no por gusto) con los causantes de todos nuestros problemas.

En mi opinión, el futuro está en las pequeñas organizaciones o directamente en los trabajadores independientes. Nadie quiere tratar con mastodónticas e impersonales organizaciones empresariales. En el futuro que viene, las empresas clásicas se verán obligadas a cambiar hacia un sistema basado en la persona, en el servicio cara a cara, en la solución de problemas reales.

Se confirma que el hundimiento de una fragata surcoreana fue causado por un torpedo norcoreano

Con lo que las cosas se ponen muy tensas en la península de Corea, lamentablemente.

El pasado 26 de marzo, la corbeta surcoreana Cheonan se hundió en aguas del Mar Amarillo como consecuencia de una explosión, muriendo 46 de los 104 tripulantes. Durante las primeras semanas se descartó la posibilidad de que fuese un ataque norcoreano, pero después de reflotar el barco, las evidencias han sido claras: se han encontrado las palas, el motor y una sección del volante de un torpedo, que además de coincidir exactamente con los del modelo CHT-02D norcoreano, están marcados en hangul (el sistema de escritura coreano).

Corea del Sur y Corea del Norte nunca firmaron un tratado de paz, por lo que oficialmente están en guerra desde el 1950. En 1953 firmaron un armisticio y un pacto de no agresión, que se materializó con la DMZ (DeMilitarized Zone, zona desmilitarizada). Desde entonces ha habido mejores y peores épocas, y aunque multitud de incidentes han puesto en peligro este pacto, nunca ninguno ha sido tan grave como éste, que se puede considerar como un acto de guerra en toda regla.

La cuestión ahora es cómo se resolverá diplomáticamente un “incidente” de esta magnitud, con la vida de 46 personas de por medio. Durante las siguientes semanas veremos las reacciones. Es muy difícil imaginar que se pueda llegar a un conflicto armado, pero aun así la situación política es complicada, tanto para Corea como para los países de su entorno, entre ellos Japón.

Para quien tiene intereses económicos en la zona, no parece que haya motivo preocuparse. Corea del Sur es un país moderno, con multitud de empresas muy fuertes en todo el mundo, y lo que menos le interesa es perjudicar a sus ciudadanos entrando en conflicto directo con un país que, al fin y al cabo, no va a cambiar a menos que sea desde dentro.

Corea del Norte es probablemente la mejor demostración de lo que el comunismo “de verdad” puede hacer por un país y por su entorno. Espero que en el futuro el régimen acabe cayendo por su propio peso, y que no haga más daño del que ha hecho ya.

Bebidas del mundo según Japón: Sherry & Soda de Andalucía

Es un hecho que a los japoneses les encanta probar cosas nuevas, y esto es especialmente cierto con las bebidas: ya sean refrescos, café o alcohol, las marcas no hacen más que lanzar nuevos productos al mercado. La vida de estos productos suele ser corta, salvo casos de gran éxito, y la única razón de su existencia es aportar nuevas experiencias a los consumidores.

Ultimamente vengo observando que vender sabores “del mundo” está funcionando bien. Ya se lanzó una serie de refrescos con este aliciente, y desde hace poco se pueden encontrar por los “combinis” (“convenicence store”, tiendas 24 horas) la serie de bebidas alcohólicas “Highballs del Mundo”.

En la foto se puede observar la lata del exótico “Sherry & soda”, sabor de Andalucía, España (he de decir que efectivamente sabe a Jerez con soda, y no está mal). Muy probablemente un japonés que no pueda viajar a Europa esté interesado en descubrir qué es lo que bebemos los españoles: eso es algo que las marcas de bebida japonesas saben, y se lo brindan a sus consumidores. Por supuesto, suele haber “adaptaciones” al gusto japonés: los productos “exóticos” lanzados por marcas japonesas no suelen ser exactamente como el original.

Tendemos a pensar que sólo podemos vender en el exterior productos “seguros” o “clásicos”, pero es muy probable que el consumidor japonés esté interesado en probar todo tipo de sabores que pueda identificar con España. Es de esperar que con productos más “innovadores” en el terreno de la exportación (saliéndonos del vino, el aceite de oliva y el jamón serrano) se puedan encontrar en Japón nichos de mercado muy interesantes.

Actualización (23/5): revisando la página web del producto (aquí), he visto que indica que la “materia prima” (en este caso, el Jerez) está directamente importada de España. Y aquí podéis ver el CM:

Ejemplo de etiquetado japonés: código de barras

He comprado este paquete de Toppo hoy. Son unas barritas de galleta rellenas de chocolate, una especie de Pocky (Mikado en España) pero a la inversa. Toppo es uno de los productos del gigantesco conglomerado coreano-japonés Lotte.

Por supuesto, llama la atención que esta versión de Toppo en concreto se llame “Mild Bitter for Men”, curioso posicionamiento cuanto menos. Sin entrar en valoraciones acerca de su orientación (me pregunto por qué el chocolate amargo es “para hombres”), el diseño es de una “seria informalidad”, por llamarlo de alguna forma. Dirigido a los trajeados jóvenes trabajadores japoneses, el frontal tiene un diseño de “raya diplomática”, y la parte trasera (mostrada en la foto) presenta a dos “salaryman” a la moda en su parte inferior.

Junto a ellos, una original forma de presentar el código de barras: integrándolo en el diseño. En la cultura japonesa de atención al detalle, aspectos como estos son muy agradecidos por los consumidores, y hacen que el producto se recuerde en el futuro.

Un ejemplo de producto famoso por sus códigos de barras es el じゃがりこ (Jagarico) de la empresa Calbee. Basta con hacer una búsqueda en Google para darse cuenta:

Búsqueda de Google: じゃがりこバーコード

Y para terminar, un muestrario de lo que es la creatividad con códigos de barras, de la empresa D-Barcode. Para verlo, pasaos por el siguiente enlace:

Muestrario D-Barcode

Si se está planeando adaptar un producto al mercado japonés, considero que es muy interesante tener en cuenta estos detalles a la hora de diseñar la etiqueta o el packaging. La originalidad y la diferenciación es primordial en un mercado tan competitivo, donde los consumidores tienen disponibles una gran cantidad de opciones de muy buena calidad y la única razón para escoger uno u otro puede ser… que caiga simpático.

Sumô y Shintô

Supongo que antes de empezar con esta entrada tendría que haber preparado una relativa al sintoísmo, pero de momento me la guardo: es un tema amplio y complejo (y realmente interesante) en el que todavía quiero profundizar.

De una manera algo burda, diría que el Shintô no es una religión (al menos, no es como las religiones “clásicas”) sino una forma de pensar y de ver la vida. Se basa en el respeto hacia la vida y la naturaleza. Los japoneses piensan que hay dioses en todas las cosas: árboles, rocas, animales; y que todo está conectado en armonía.

Es un espíritu que lo impregna todo en Japón, aunque a primera vista (en una visita a Tokio, por ejemplo) no se aprecie fácilmente. Para hacerse a una idea sin necesidad de venir hasta aquí, es muy recomendable echarle un vistazo a las películas de Hayao Miyazaki, principalmente El Viaje de Chihiro y La princesa Mononoke. Mi vecino Totoro es también un buen ejemplo, o en un entorno más de ciencia-ficción, Nausicaa en el Valle del Viento es un compendio de los ideales sintoistas de respeto a la naturaleza.

Algunas formas de honrar y respetar a la naturaleza son los templos: marcados con un gran portal de entrada (torii) suelen estar situados allí donde el entorno natural es especialmente impresionante. Otras, son ceremonias. El sumo es una de ellas.

He de decir que hasta que asistí por primera vez al Kokugikan el pasado día 10, no me había interesado demasiado por el sumo. Había visto algún combate por televisión, y aparte del breve interés en lucha en sí misma, nunca había ido más allá.

Pero, claro está, todo cambia cuando ves el espectáculo en directo.

El sumo es un deporte, pero no sólo eso. Como tal, queda incompleto. Es un deporte, pero también es entretenimiento (que sólo se disfruta plenamente si conocen a los luchadores y a sus trayectorias) y un ofrecimiento a los dioses. Veamos un ejemplo muy claro en un video que grabé el pasado día 10: la entrada del actual Yokozuna, Hakuho, al dohyô (ring).

Originalmente, el sumo era una petición a los dioses para conseguir buenas cosechas, y como tal, cada una de las ceremonias tienen relación con este cometido.

El representante de este cometido, el Yokozuna, es elegido de entre los campeones no sólo por ser el mejor luchador de entre sus rivales, sino también por representar el modelo a seguir por el resto en cuanto a actitud, deportividad y respeto a las tradiciones. El Yokozuna es otorgado con el cinturón blanco que se puede observar en el video: representa una enorme nube de la que brotan rayos, llamada a las lluvias.

El ring en si mismo, llamado dohyô, está hecho de un tipo especial de arcilla, y en su interior guarda ofrendas (kombu (un tipo de alga), castañas, arroz, surume (calamar seco) y sal entre otros). Representa, por supuesto, las tierras de cultivo.

Al subir al ring, acompañado del “tsuyuharai” o asistente y del “tachimochi” o portador de la espada, lo primero que hace es dar dos palmadas, para llamar la atención de los dioses. Luego, enseña las palmas para demostrar que no va armado. Se sitúa en el centro del ring y vuelve llamar a los dioses con otras dos palmadas.

Luego realiza el famoso “pateo” del suelo, que tiene una doble función: por un lado, llamar a los dioses de la tierra, y por otro, espantar a los malos espíritus del dohyô. La posición que toma posteriormente, con los dos brazos abiertos, es una postura ofensiva, marcada también por los dos lazos que sujetan el cinturón (existe una posición defensiva, que practicaba el anterior Yokozuna Asashôryû, con uno de los brazos cerca del cuerpo y un solo lazo).

Los combates tienen también un largo ritual, pero está más centrado en ahuyentar a los malos espíritus: se realizan tanto los “pateos” del suelo, como el lanzamiento de sal. La sal es ampliamente utilizada en Japón para espantar malos espíritus: es muy común, por ejemplo, ver platitos con sal a las entradas de las casas o de locales como medida de protección.

Os dejo con un combate del Yokozuna, donde se pueden observar los largos rituales previos, así como la brevedad del combate en si mismo. Fijaos que en los cinturones de los luchadores también hay un adorno: éste representa a la lluvia, frente a los rayos y truenos del cinturón del Yokozuna.

Si estáis interesados, todavía hay un montón de curiosidades por contar, así que si queréis una segunda edición, o si tenéis preguntas, dejad un mensajito en los comentarios. ¡Gracias!

Un euro por 115 yenes: es el momento de exportar

Twitter @jpy: 1 euro por 115.95 yenes

Es noticia que Europa está pasando por una grave crisis de confianza. La burbuja y posterior crisis generada por el crédito fácil (situación provocada a su vez por los bancos centrales a petición de los gobiernos de turno) ha intentado ser subsanada mediante incrementos disparatados de gasto público. Solución que se ha evidenciado inútil, sobre todo en los miembros menos sólidos de la unión (los llamados PIIGS: Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y “Spain”). Grecia tuvo que ser rescatada a dos manos (las de la UE y la del FMI), y antes de que le llegara el turno al siguiente (las apuestas estaban entre España y Portugal, que se materializaban como enormes salidas de capital de la bolsa) se ha decidido hacer un rescate “global” maquillándolo como un fondo de ayuda al euro. Y obligando, por supuesto, a las economías PIIGS a hacer un recorte serio del gasto; en España ya se están viendo las primeras consecuencias: la bajada del sueldo a los funcionarios, la congelación de las pensiones (me pregunto qué culpa tienen los pobres jubilados), la eliminación del cheque bebé y demás etcéteras.

Soluciones injustas (por cargar a los ciudadanos de a pie lo que tendrían que pagar los políticos) e insuficientes, pero ya les dedicaré una próxima entrada.

El hecho es que la confianza en el euro cayó a mínimos, y aunque se ha intentado recuperar mediante el rescate, parece que el mercado intuye que no es más que una solución temporal (o que al menos han de esperar a ver que los recortes surten efecto). Situación: un euro se cotiza a 115-116 yenes a día de hoy.

Como referencia, el euro llegó hasta los 170 en 2008, y se dice que el valor natural se sitúa alrededor de los 135 yenes por euro. La diferencia es radical: antes un japonés no se podía permitir comprar productos españoles o viajar a España, ahora, de repente, le resulta mucho más asequible y atractivo.

La crisis son momentos duros para todos. Hay que apretarse el cinturón, recortar gastos y trabajar duro para salir del bache. Sin embargo, para mantenerse o crecer hay que aprovechar las oportunidades y abrir nuevos mercados, y es que no hay mejor momento para pensar en la exportación fuera de la UE. Es de esperar que el importador japonés no querrá dejar pasar la oportunidad de comprar productos europeos a un precio muy competitivo, y la empresa española ha de estar ahí para ofrecerse.

Por supuesto que es necesaria una inversión inicial, y armarse de paciencia y ganas, pero avanzar ahora nos proporcionará una situación mucho más estable y fuerte en el futuro.

Actualización: el yen se pone por debajo de los 115 (114.83) – 19:00 (hora de Tokio).