Novedades en danialias··

Como habréis observado, he empezado a promocionar danialias·· en las redes sociales, abriendo un grupo en facebook. El grupo lo utilizaré para hacer anuncios de las nuevas entradas en el blog, pero especialmente para aquellos contenidos que no tienen cabida aquí. Intrascendencias acerca de Japón, que probablemente se centrarán en temas de ocio. Pasaos a menudo, iré subiendo contenido periódicamente y os aseguro que aunque no cuadre aquí será interesante y divertido :). Podéis entrar al grupo desde el siguiente link:

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Y por supuesto, no dejéis de seguirme en mi Twitter, ya que muchos links interesantes acaban compartiéndose sólo por esa vía. ¡Os veo en la red!

La “vuelta a lo natural” en Japón

Como comenté en la entrada sobre el sumo, la filosofía sintoísta lo impregna todo en Japón. Tradicionalmente, el japonés ha sido un pueblo que le ha dado mucha importancia a la naturaleza, y a vivir en armonía y equilibrio con lo que les rodea. Parece ser que el hecho de que sea fácil notar la enorme fuerza de la naturaleza en el archipiélago japonés (terremotos, tsunamis y tifones son fenómenos que no resultan ajenos por aquí) les ha inculcado esta forma de pensar desde tiempos remotos.

Sin embargo, eso cambió en las últimas décadas. Como probablemente sabréis, Japón vivió una época de crecimiento sin precedentes hasta el estallido de la burbuja en 1990. La economía creció a una media del 10% anual durante 20 años, y durante otros 15 a una media del 4%. Fueron momentos de consumo sin control, de cambio de los valores tradicionales, de vivir para la empresa, de pensar que es imposible que las propiedades inmobiliarias pueden bajar de precio, y por supuesto, de olvidarse de “lo natural”. Yo no andaba por aquí en aquella época (en los ochenta estaba ocupado yendo al colegio :), pero después de vivir en Shanghai en 2008 me puedo imaginar (salvando las distancias, por supuesto) la “actitud vital” de tanto nuevo rico.

Se podría creer que el estallido de la burbuja inmobiliaria-financiera fue un bofetón de realidad para los japoneses, pero no fue así. Como está pasando en España tras el reventón de nuestra burbuja particular (ya podríamos haber aprendido algo de Japón), el gobierno se ocupó de enquistar el problema. Mediante rescates, inyecciones y bajadas de tipos de interés forzaron a la gente a seguir viviendo y consumiendo como antes. Y así se consiguió alargar el problema 20 años, entre estancamientos y recesiones varias.

La buena noticia es que después de 20 años, la gente está volviendo por sí misma a los valores tradicionales, aquellos que nunca deberíamos haber abandonado (principalmente, porque son de pura lógica). Podríamos llamarle “moda”, pero creo que es un cambio sincero de mentalidad entre la población japonesa. Por supuesto que no pasa con todo el mundo, y por supuesto que hay mucha gente que sí se lo está tomando como una moda (descerebrados hay en todas partes), pero es relativamente fácil “sentir” que las cosas están cambiando. Basta con vivir un poco el día a día de un barrio residencial japonés.

Por ejemplo, se puede ver cómo el uso de bicicletas está creciendo, especialmente para actividades recreativas en la naturaleza: mucha gente hace excursiones por la montaña en bicicleta, para disfrutar de la naturaleza sin contaminar mientras hacen deporte. Otro ejemplo: los productos dietéticos (los sin calorías, los 0% grasas y demás etc) y demás “soluciones rápidas” están perdiendo pujanza frente a la búsqueda “lenta” de una vida saludable, principalmente haciendo deporte. Un buen ejemplo de concepto de diseño “lento” es el del Nissan Cube, por ejemplo. Otras tendencias crecientes pueden ser el DIY, “hágalo usted mismo”, en el que la gente se cultiva sus propias verduras en pequeñas granjas (y así se aseguran que están libres de productos químicos), se fabrica sus propios muebles o le hace la ropita a los pequeños de la casa. La reparación de las cosas que se rompen (en vez de tirarlas y comprarlas de nuevo), la utilización de cosas que todavía sirven aunque sean viejas, el reciclado de casi todo y el poderoso mercado de segunda mano son otros de los muchos ejemplos que se pueden poner en este sentido.

Los medios de comunicación parece que también están cambiando (aunque es sabido que los medios siempre van por detrás de las tendencias, no por delante) y explican que, por ejemplo, muchos de los problemas de salud actuales vienen de las costumbres y del día a día, como los hábitos de alimentación, la forma de trabajar, etc. Eso cala en mucha gente más (sobre todo si lo dice la NHK) y hace que el mensaje se amplíe: la vida sencilla y natural es lo más importante, al fin y al cabo somos animales y hay que seguir lo que nos indica nuestra naturaleza.

Un ejemplo: le estoy dando clases de español a un universitario los fines de semana. Su madre es muy amable y he tenido interesantes conversaciones con ella. Según me contó, antes eran una familia prototípica: el padre trabajaba todo el día sin pasar apenas unas horas en casa por las noches, vida en el centro de una ciudad, etcétera. Sin embargo, ahora se han mudado a una zona mucho más tranquila, llena de árboles y de parques, el padre pasa los fines de semana cuidando las flores de la terraza, y se han vuelto vegetarianos. Es posible que no sean representativos de toda la sociedad japonesa, pero detalles como este me hacen pensar que las cosas están cambiando.

Volviendo al consumo de alimentos: los japoneses prefieren, cada vez más, los productos orgánicos. Si una verdura ha sido cultivada sin productos químicos, aunque sea un poco más cara, todos coinciden que es más segura y por tanto, mejor. Sin conservantes, sin antioxidantes, que se vea que el producto es natural: esa es la tendencia. Últimamente, se le informa a la gente de quién lo ha hecho o cultivado: información de la granja y el nombre del granjero, o incluso una foto del propio granjero. Lo importante es que el consumidor se sienta a salvo y seguro.

Poniendo un ejemplo, para convertir el aceite de oliva en un un producto “seguro”, habría que hacerlo orgánico (con certificación japonesa JAS – los japoneses se fían principalmente de los japoneses), sin filtrar para que se vea claramente que es natural, y describiendo con detalle en la etiqueta no sólo que es un producto bueno para la salud, sino también cómo, dónde y quién es la persona en la que los consumidores depositan su confianza.

En definitiva, Japón vuelve a lo natural. ¿Tendremos que esperar 20 años para ver lo mismo en España?

Actualización: aquí va algún ejemplo.

Design Tshirts Store Graniph y su algodón 100% orgánico

El reciclaje de Uniqlo

La filosofía de origen de Muji

Y algún artículo relacionado. Un poco antiguo pero representativo:

Japanese consumers hungry for more organic food

Bebidas del mundo según Japón: Sherry & Soda de Andalucía

Es un hecho que a los japoneses les encanta probar cosas nuevas, y esto es especialmente cierto con las bebidas: ya sean refrescos, café o alcohol, las marcas no hacen más que lanzar nuevos productos al mercado. La vida de estos productos suele ser corta, salvo casos de gran éxito, y la única razón de su existencia es aportar nuevas experiencias a los consumidores.

Ultimamente vengo observando que vender sabores “del mundo” está funcionando bien. Ya se lanzó una serie de refrescos con este aliciente, y desde hace poco se pueden encontrar por los “combinis” (“convenicence store”, tiendas 24 horas) la serie de bebidas alcohólicas “Highballs del Mundo”.

En la foto se puede observar la lata del exótico “Sherry & soda”, sabor de Andalucía, España (he de decir que efectivamente sabe a Jerez con soda, y no está mal). Muy probablemente un japonés que no pueda viajar a Europa esté interesado en descubrir qué es lo que bebemos los españoles: eso es algo que las marcas de bebida japonesas saben, y se lo brindan a sus consumidores. Por supuesto, suele haber “adaptaciones” al gusto japonés: los productos “exóticos” lanzados por marcas japonesas no suelen ser exactamente como el original.

Tendemos a pensar que sólo podemos vender en el exterior productos “seguros” o “clásicos”, pero es muy probable que el consumidor japonés esté interesado en probar todo tipo de sabores que pueda identificar con España. Es de esperar que con productos más “innovadores” en el terreno de la exportación (saliéndonos del vino, el aceite de oliva y el jamón serrano) se puedan encontrar en Japón nichos de mercado muy interesantes.

Actualización (23/5): revisando la página web del producto (aquí), he visto que indica que la “materia prima” (en este caso, el Jerez) está directamente importada de España. Y aquí podéis ver el CM:

httpv://www.youtube.com/watch?v=ILbb3fzlCH8

Ejemplo de etiquetado japonés: código de barras

He comprado este paquete de Toppo hoy. Son unas barritas de galleta rellenas de chocolate, una especie de Pocky (Mikado en España) pero a la inversa. Toppo es uno de los productos del gigantesco conglomerado coreano-japonés Lotte.

Por supuesto, llama la atención que esta versión de Toppo en concreto se llame “Mild Bitter for Men”, curioso posicionamiento cuanto menos. Sin entrar en valoraciones acerca de su orientación (me pregunto por qué el chocolate amargo es “para hombres”), el diseño es de una “seria informalidad”, por llamarlo de alguna forma. Dirigido a los trajeados jóvenes trabajadores japoneses, el frontal tiene un diseño de “raya diplomática”, y la parte trasera (mostrada en la foto) presenta a dos “salaryman” a la moda en su parte inferior.

Junto a ellos, una original forma de presentar el código de barras: integrándolo en el diseño. En la cultura japonesa de atención al detalle, aspectos como estos son muy agradecidos por los consumidores, y hacen que el producto se recuerde en el futuro.

Un ejemplo de producto famoso por sus códigos de barras es el じゃがりこ (Jagarico) de la empresa Calbee. Basta con hacer una búsqueda en Google para darse cuenta:

Búsqueda de Google: じゃがりこバーコード

Y para terminar, un muestrario de lo que es la creatividad con códigos de barras, de la empresa D-Barcode. Para verlo, pasaos por el siguiente enlace:

Muestrario D-Barcode

Si se está planeando adaptar un producto al mercado japonés, considero que es muy interesante tener en cuenta estos detalles a la hora de diseñar la etiqueta o el packaging. La originalidad y la diferenciación es primordial en un mercado tan competitivo, donde los consumidores tienen disponibles una gran cantidad de opciones de muy buena calidad y la única razón para escoger uno u otro puede ser… que caiga simpático.

Sumô y Shintô

Supongo que antes de empezar con esta entrada tendría que haber preparado una relativa al sintoísmo, pero de momento me la guardo: es un tema amplio y complejo (y realmente interesante) en el que todavía quiero profundizar.

De una manera algo burda, diría que el Shintô no es una religión (al menos, no es como las religiones “clásicas”) sino una forma de pensar y de ver la vida. Se basa en el respeto hacia la vida y la naturaleza. Los japoneses piensan que hay dioses en todas las cosas: árboles, rocas, animales; y que todo está conectado en armonía.

Es un espíritu que lo impregna todo en Japón, aunque a primera vista (en una visita a Tokio, por ejemplo) no se aprecie fácilmente. Para hacerse a una idea sin necesidad de venir hasta aquí, es muy recomendable echarle un vistazo a las películas de Hayao Miyazaki, principalmente El Viaje de Chihiro y La princesa Mononoke. Mi vecino Totoro es también un buen ejemplo, o en un entorno más de ciencia-ficción, Nausicaa en el Valle del Viento es un compendio de los ideales sintoistas de respeto a la naturaleza.

Algunas formas de honrar y respetar a la naturaleza son los templos: marcados con un gran portal de entrada (torii) suelen estar situados allí donde el entorno natural es especialmente impresionante. Otras, son ceremonias. El sumo es una de ellas.

He de decir que hasta que asistí por primera vez al Kokugikan el pasado día 10, no me había interesado demasiado por el sumo. Había visto algún combate por televisión, y aparte del breve interés en lucha en sí misma, nunca había ido más allá.

Pero, claro está, todo cambia cuando ves el espectáculo en directo.

El sumo es un deporte, pero no sólo eso. Como tal, queda incompleto. Es un deporte, pero también es entretenimiento (que sólo se disfruta plenamente si conocen a los luchadores y a sus trayectorias) y un ofrecimiento a los dioses. Veamos un ejemplo muy claro en un video que grabé el pasado día 10: la entrada del actual Yokozuna, Hakuho, al dohyô (ring).

httpv://www.youtube.com/watch?v=xHGEFzKCGHs

Originalmente, el sumo era una petición a los dioses para conseguir buenas cosechas, y como tal, cada una de las ceremonias tienen relación con este cometido.

El representante de este cometido, el Yokozuna, es elegido de entre los campeones no sólo por ser el mejor luchador de entre sus rivales, sino también por representar el modelo a seguir por el resto en cuanto a actitud, deportividad y respeto a las tradiciones. El Yokozuna es otorgado con el cinturón blanco que se puede observar en el video: representa una enorme nube de la que brotan rayos, llamada a las lluvias.

El ring en si mismo, llamado dohyô, está hecho de un tipo especial de arcilla, y en su interior guarda ofrendas (kombu (un tipo de alga), castañas, arroz, surume (calamar seco) y sal entre otros). Representa, por supuesto, las tierras de cultivo.

Al subir al ring, acompañado del “tsuyuharai” o asistente y del “tachimochi” o portador de la espada, lo primero que hace es dar dos palmadas, para llamar la atención de los dioses. Luego, enseña las palmas para demostrar que no va armado. Se sitúa en el centro del ring y vuelve llamar a los dioses con otras dos palmadas.

Luego realiza el famoso “pateo” del suelo, que tiene una doble función: por un lado, llamar a los dioses de la tierra, y por otro, espantar a los malos espíritus del dohyô. La posición que toma posteriormente, con los dos brazos abiertos, es una postura ofensiva, marcada también por los dos lazos que sujetan el cinturón (existe una posición defensiva, que practicaba el anterior Yokozuna Asashôryû, con uno de los brazos cerca del cuerpo y un solo lazo).

Los combates tienen también un largo ritual, pero está más centrado en ahuyentar a los malos espíritus: se realizan tanto los “pateos” del suelo, como el lanzamiento de sal. La sal es ampliamente utilizada en Japón para espantar malos espíritus: es muy común, por ejemplo, ver platitos con sal a las entradas de las casas o de locales como medida de protección.

Os dejo con un combate del Yokozuna, donde se pueden observar los largos rituales previos, así como la brevedad del combate en si mismo. Fijaos que en los cinturones de los luchadores también hay un adorno: éste representa a la lluvia, frente a los rayos y truenos del cinturón del Yokozuna.

httpv://www.youtube.com/watch?v=dzpZdIGUjwc

Si estáis interesados, todavía hay un montón de curiosidades por contar, así que si queréis una segunda edición, o si tenéis preguntas, dejad un mensajito en los comentarios. ¡Gracias!