Sorpresivamente, Hatoyama ha cedido a las presiones a las que aseguró en repetidas ocasiones que no cedería, y ha dejado el cargo. La razón: la baja popularidad del Primer Ministro. El partido Minshutô quiere salvar el paquete de medidas que tienen preparado para reajustar la economía japonesa, que en caso de perder las próximas elecciones del 11 de julio sería muy posible que se la echasen abajo. Así que antes de mantener a un Hatoyama quemado, mejor es cargárselo y poner a otro de cabeza de turco. Ya es el cuarto presidente que dimite en menos de un año en Japón, lo que da una idea de la estabilidad política que se respira últimamente por aquí.
En mi opinión, las dimisiones de presidentes en Japón son una manera como cualquier otra de eludir responsabilidades. En España “disfutamos” del otro extremo (ignorar la realidad y aguantar pase lo que pase). Ninguno de los dos es positivo.
La dimisión del Primer Ministro ha venido no por la terrible deuda externa japonesa (si pensabais que el 110% sobre el PIB de Grecia era mucho, aquí estamos hablando de más del 170%) , ni por la poca efectividad del aumento del gasto público (sorpresa sorpresa), sino porque no se ha sabido gestionar adecuadamente (otra vez) la relocalización de la base americana de Futenma, en Okinawa. Popularidad de Hatoyama bajo mínimos (20%), así que hay que librarse de peso muerto.
Naoto Kan, ministro de economía, ha sido nombrado presidente. Parece ser que es proclive a aumentar el IVA en un 5% y así seguir manteniendo el “Estado del Bienestar” japonés por más tiempo.
Me extrañaría muchísimo que un partido socialista, proclive a aumentar el gasto y los impuestos (y el “Estado del Bienestar”), sea capaz de reducir la deuda lo más mínimo. Aunque mientras Correos (que también resulta ser el mayor banco del mundo) se mantenga público, supongo que el sistema podrá seguir aguantando: los japoneses, muy precavidos desde el estallido de la burbuja de los 90 y por la previsión de que la jubilación no les dará ni para comer (¿de verdad el mundo no se da cuenta que hace falta un cambio de sistema?), tienen muchos ahorros, y de ellos tira el estado para aguantar. Un estado intervencionista no puede aguantar en Japón sin Correos, y por eso se echó abajo toda la privatización empezada por Koizumi. Que además tenía un plan serio de reducción del estado y objetivos económicos claros para reducir la deuda y para reactivar la economía. Es decir, se está manteniendo artificialmente un sistema podrido, pero el problema acabará saliendo a la luz dentro de un tiempo, probablemente agravado. Como en el resto del mundo, vamos.
Moraleja: que vuelva Koizumi, por favor.